Capítulo Tres.
Se le había vuelto una costumbre ir diariamente al bar, platicaba con muchas de las personas, escuchando siempre atentamente lo que esas almas pecadoras le confesaban.
Más de una vez escuchó relatos sobre asesinatos, desmembramientos y violaciones, muchas veces sonaban a exageraciones, la gente seguramente le ponía de su cosecha y por eso las historias terminaban siendo completamente exageradas.
Pero una de esas historias le llamó la atención de sobremanera, era sobre una banda de delincuentes que solían conducir un automóvil rojo, los del carro colorado les llamaban ahí, eran asesinos a sueldo muy profesionales con su trabajo. Habían obtenido fama con una hazaña que había aparecido hasta en los periódicos, Lázaro sabía la historia, la leyó tiempo atrás, pero nunca se esperó que los protagonistas de aquella masacre fueran clientes frecuentes de ese bar.